martes, 3 de enero de 2017
Trumpistán
Trumpistán
Genaro Lozano
03 Ene. 2017
CORTINA D'AMPEZZO.- En 17 días termina la era Obama e inicia la era Trump y el contraste se sentirá desde los primeros minutos de los próximos cuatro años. De la pulcritud intelectual, la paciencia reflexiva y la decencia del primer afroamericano en llegar a la Casa Blanca, pasaremos a la oscura ignorancia, el instante de la urgencia y la indecencia del primer multimillonario en tomar por asalto el Poder Ejecutivo. Las consecuencias para Estados Unidos y para el mundo serán funestas.
Paul Krugman, premio Nobel de Economía y columnista del New York Times, alerta sobre la era de Trumpistán. El inicio de un gobierno de cuates multimillonarios, de conflictos de interés, peculado y de una corrupción rampante. Las consecuencias para el sistema político y la economía estadounidenses serán terribles, pero sus efectos contagiarán a los presidentes latinoamericanos, que frente a Obama al menos simulaban. Con Trump en la Presidencia, la sociedad civil mexicana deberá combatir el que no normalicemos nuevas casas blancas o escándalos de conflictos de interés del gobierno de Peña Nieto. Lo mismo para los demás países latinoamericanos. Trumpistán impulsará el Mirreinato latinoamericano.
En la reunión de embajadores y cónsules de la próxima semana, la canciller mandará el mensaje público de que tiene todo bajo control y que la red de consulados redoblará esfuerzos para atender a nuestros connacionales, pero sin el presupuesto que se necesita para esa titánica tarea. De la renegociación del TLCAN, prometida por Trump, habrá que tocar otras puertas, porque al parecer el tema no será de la Cancillería, sino de Economía y Hacienda. No hay más. El relevo en la SRE tiene que darse este mes, Trumpistán no permitirá que le demos chance a Ruiz Massieu, a quien o le quedó enorme el cargo o tuvo a un equipo de enemigos en comunicación social y de plano no supo #Rompersuslímites, por parafrasear el mensaje automotivacional de la mujer que también parece aspirante presidencial del PRI. Son tiempos de hubris.
Más allá de Norteamérica, el inicio de Trumpistán afectará al sistema de Naciones Unidas. EU tiene una relación esquizofrénica con la ONU. Nació de la mente de uno de sus presidentes y su esposa, pero a lo largo de sus ya siete décadas de existencia los estadounidenses no saben qué hacer con el organismo internacional: lo odian y lo aman. Bajo Trumpistán, el unilateralismo estadounidense revivirá. La impaciencia con la diplomacia multilateral que el mundo experimentó bajo George W. Bush, se convertirá en la irresponsabilidad en tiempo real. Nikki Haley, la propuesta de Trump como representante de EU ante la ONU, perderá el tiempo excusándose por los tuits de su jefe y esperando a que éste le tome la llamada cuando se esté discutiendo la crisis de Siria en el Consejo de Seguridad.
Trumpistán también golpeará a Europa. La incómoda alianza entre Francia, Gran Bretaña y Alemania para contener la influencia de Putinistán, ahora enfrentará el torbellino del bromance entre Trump y Putin. Los valores de Monet, Beethoven y los padres fundadores de la unidad de una Europa liberal, democrática, generosa y plural serán enterrados por el nuevo orden bipolar que se tejerá entre Washington DC y Moscú. Vienen tiempos oscuros para el orden internacional. La Alemania de Angela Merkel y la Francia de Francois Hollande pueden tener los días contados.
Son tiempos de resistencia a partir del 20 de enero. La esperanza está en la hoy adormecida, pero siempre vibrante, sociedad civil estadounidense. En las mujeres que marcharán contra Trumpistán, en organizaciones como ACLU, en las ciudades estadounidenses que desde ya se declaran santuario para migrantes, en el cambio demográfico que para el 2020 podría despertar del letargo y sacar a Trump y a los republicanos del poder. Son tiempos de nostalgia prematura. Bienvenidos a Trumpistán.
@genarolozano
Postales: Berlin por Raymundo Riva Palacio
Postales: Berlín
BERLÍN.- La mayor sorpresa cuando uno se mezcla en los barrios berlineses es la desigualdad. Hay zonas enteras abandonadas y pordioseros en las calles y el metro. Por las calles se ven personas pidiendo dinero para comer y durmiendo en las estaciones de trenes, cubiertos por cartones. Berlín no refleja el resplandor del poderío germano, cuyos recursos sostienen herculinamente a Europa, y tampoco es la ciudad alemana con mayor riqueza. De hecho, un reciente estudio sostiene que sin Berlín, donde 17 por ciento de sus pobladores viven gracias a los programas sociales, Alemania crecería 0.2 por ciento anual más. El costo de casi un siglo envuelta en crisis políticas y guerras ha impedido que esta capital, que se reunificó con Berlín Oriental hace 25 años, empiece a despegar.Berlín no es para Alemania lo que Londres es para el Reino Unido, o París para Francia, ni se asemeja a ninguna otra capital europea que, lejos de restarle puntos de crecimiento, le aporta riqueza. Tampoco tiene la fuerza económica de Múnich, ni el poder financiero de Fráncfort. Incluso, sólo Dresde, que pertenecía a Alemania Oriental, sufre un mayor desempleo que esta capital que, de no haber sido restaurada como tal, sería una ciudad industrial más luchando por sobrevivir, sin estar reconvirtiendo su economía hacia tecnología y servicios, como lo hizo Manchester para reinventarse. Sin embargo, Berlín carga una historia densa como muy pocas capitales tienen, y una personalidad que hace imposible pensar que en esta Alemania unida, no fuera su capital.
La forma como comenzó a levantarse fue, precisamente, mediante la estrategia que siguió como parte de la propaganda de guerra contra el régimen comunista en el oriente: la cultura. Antes de que cayera el Muro de Berlín, y con ello el fin de los regímenes comunistas dependientes de Moscú en el otoño de 1989, Berlín era una capital rota y dividida en dos, que vivía la dicotomía Este-Oeste, la luz y la oscuridad, literalmente. Lo experimentó brutalmente desde el 12 de agosto de 1961, cuando tropas alemanas y soviéticas levantaron en una noche un muro que rodeó las zonas estadounidense, inglesa y francesa de Berlín, dejando aislada su parte occidental y separada de Alemania.
El viejo Berlín Oriental era lúgubre en las noches, con luces pálidas en las calles y poca iluminación en los edificios sólidos, masas grises de la arquitectura estalinista, con pocos autos y casi sin gente en las calles, contrastando con el Berlín Occidental, lleno de luces de neón y febril actividad. La zona del muro, que se extendía 43 kilómetros como herida abierta en Berlín, era una franja de la muerte –en el lado oriental, donde mataban a quien quisiera escaparse por el muro– o económicamente deprimida –en el occidental, donde aparecía la pobreza que no se veía en el resto del país. Pero la extensión de la Guerra Fría se daba en la infraestructura cultural que construyeron ambos lados.
Juntos tenían 17 museos, 17 teatros, tres óperas y ocho orquestas, que cuando se dio la reunificación de las dos capitales en 1991, representó un problema práctico. El largo acoplamiento económico y social también pasó por el cultural. Aunque se mantienen instalaciones en lo que fueron los mundos oriental y occidental, se optó que el centro de la cultura siguiera siendo la Isla de los Museos, donde surgieron cinco instituciones nacionales entre 1830 y 1930, que durante la Guerra Fría estuvieron bajo control comunista. Para regresar la vida a la capital, se inyectaron mil millones de dólares para reconstruir sus templos de arte, que albergan el Altar de Pérgamo –que da su nombre al museo– y la restauración de una parte de la Puerta de Ishtar, la entrada a la esplendorosa Babilonia, capital de Mesopotamia, o el Nuevo Museo, donde el arquitecto inglés David Chipperfield mezcló las ruinas del viejo edificio destrozado por las bombas en la Segunda Guerra Mundial con modernas edificaciones para dotar ahí de casa al impecable busto de Nefertiti, la reina de Egipto. No fue lo único.
Cada año, esta ciudad añade al arte, estética e imaginación a su horizonte, que a lo lejos se ve sembrado de decenas de torres de construcción que se adentran en lo que fue la zona comunista, que aún no termina de acoplarse al sistema político y económico occidental. Una de esas zonas es donde está la Plaza Potsdam, que se dudaba florecería nuevamente porque la tenía moribunda el muro que dividía los sectores estadounidenses y soviético. Ahí se levantó un microsistema tecnológico con el Centro Sony, cubierto por una cúpula de cristal, cuyo diseño asemeja la Basílica de Guadalupe, y sede de la Berlinale, el festival de cine internacional, como su eje.
El Centro Sony no es Silicon Valley, pero una de las apuestas de Berlín es que, además de la cultura, tenga una economía digital. Lo que ayuda a Berlín, por encima de otras ciudades alemanas, son la calidad de sus universidades –aquí estudiaron Albert Einstein y Max Planck, el fundador de la Teoría Cuántica– y los casi 40 laboratorios de investigación y desarrollo que no están afiliados a ellas, que les permitió enfocarse desde 2005 en las empresas digitales, información y telecomunicaciones. Desde entonces ha crecido 58 por ciento. No es una subida fácil, pero desde hace dos años se han visto resultados alentadores para recuperar el resplandor en este Berlín que, como lo ha demostrado a lo largo de la historia, está lleno de orgullo.
Twitter: @rivapa
miércoles, 21 de diciembre de 2016
A proposito... de esto
Anoche cometí una estupidez, salí de casa a la 1 am, a pedirle al imbécil que tenia la música a todo volumen, que por favor, bajara su ruido para dormir al bb... su respuesta mal pedo, fue: pero no esta alto señora... le bajo, pero no esta enojada verdad?!
No esta enojada??!!!
WTF!!!
No esta enojada??!!!
WTF!!!
La menor provocación
21/09/2016 01:02 AM
El domingo por la noche es una difícil emergencia. La música de los vecinos había sonado 30 horas. Leyó usted bien: 30 horas de una rara cosa que llaman música trans. Yo le llamo punchis-punchis. Una de la mañana. Salgo de mi casa y les toco a los vecinos para pedirles que le bajen a la música, que mañana es lunes. Un joven de unos 30 años, amable, me dice que desde luego pondrá su música en bajos decibeles. Le agradezco, y como suele decirse, paso a retirarme. Una gran lección de civilidad. A dormir.
Media hora más tarde me despierta el sonido del fin del mundo. Abandono mi domicilio (la prosa notarial es fácil y atractiva), con los pelos literalmente de punta llamo a la puerta, con fuerza, y me quejo airadamente. Detrás del joven amable aparece un cuarentón blanco, urbano, fuerte, que me insulta con la rapidez y la decisión de un rufián. Se encuentra detrás de una reja detrás de la cual está la puerta de su casa. Las infamias casi todas son homófobas: “pinche puto, salgo y te rompo la madre a cachetadas”. Resumo en una frase 15 minutos de injurias.
Fiel al aforismo legendario de Pagés Llergo que decía que al que se agacha se lo chingan doble, lo llamo a la calle. Soy mi padre y eso me deprime, pero ésa es otra historia: sal y acá nos rompemos la madre si eres tan verga. Ya dije que el falocentrismo domina la agresión machista. Los amigos jóvenes detienen al orangután. No sale.
Me dice esto: “no sabes con quien te viniste a meter, puto”, de nuevo, homofobia y destrucción: “No te la vas a acabar, voy a pedir una camioneta y te vamos a dar un levantón, puto, a ti y a toda tu familia, pero antes te vamos a coger. Ya valiste. Te atreviste a tocar en mi casa”.
Regreso a la madrugada y pienso en lo que acaba de ocurrir: me han amenazado de muerte, a mí y a mi familia. Marco números de amigos. Me ayudan las autoridades de Ciudad de México. Se dice que en esa casa entran y salen paquetes, entregan cosas, van y vienen mensajeros en la noche.
El delegado Monreal, ¿gobierna algo? Estoy amenazado y he tomado cartas en el asunto.
rafael.perezgay@milenio.com
Twitter: @RPerezGay
Solsticio de muerte _ Sergio Sarmiento

JAQUE MATE / Sergio Sarmiento 21 Dic. 2016
"Combate a aquellos que no creen en Alá y el Último Día...".
Corán (9:29)
Hoy es el solsticio de invierno. A las 10:44 tiempo universal, 4:44 de la mañana hora central de México, terminará el otoño y empezará el invierno. Hoy será el día más corto del año y tendremos la noche más larga. El sol alcanzará su menor altura en el horizonte en todo el año.
El solsticio de invierno ha tenido por milenios un papel importante en la cultura. El ser humano en la antigüedad pasaba mucho tiempo observando los cielos para entender los ciclos de la naturaleza y las estaciones del año. Sitios neolíticos, como Stonehenge en Inglaterra, parecen alineados hacia el punto del amanecer en el solsticio de invierno. El Yule de los pueblos germánicos y escandinavos era la celebración del solsticio, como lo era la fiesta del Sol Invicto de los romanos. En un mundo sin conexión, los mexicas tenían su Panquetzaliztli, una fiesta por el nacimiento de Huitzilopochtli y la caída de Tezcatlipoca, aunque la celebración se hacía unos días antes del solsticio.
La Navidad es también un festejo del solsticio de invierno. Los Evangelios no dan fecha del nacimiento de Jesús, pero la Iglesia Católica de los primeros siglos fusionó el nacimiento de Jesús con las celebraciones del Sol Invicto. Era más fácil hacer proselitismo de esta manera.
En este 2016 hemos empezado los festejos del solsticio de invierno con una nueva serie de atentados terroristas. Este 19 de diciembre se registró un ataque con un camión contra una multitud reunida en un mercado navideño que recuerda el atentado del 14 de julio en la Promenade des Anglais de Niza. El Estado Islámico, Daesh, reivindicó ayer el atentado. También el 19 un policía vestido de civil asesinó al embajador de Rusia en Turquía al grito de Allahu akbar, "Dios es grande". En Zúrich, Suiza, una persona murió y tres quedaron heridas en un ataque a un centro islámico.
Los ataques hacen ver que no hemos avanzado tanto desde los tiempos en que matar en nombre de Dios era una realidad habitual. El mundo está sufriendo un incremento en el número de muertes en atentados terroristas y guerras religiosas. Si en el pasado al-Qaida pareció la cima de la crueldad, hoy el Estado Islámico y Boko Haram la han rebasado. Estos dos grupos no se contentan con matar a infieles, sino que asesinan también a musulmanes. Consideran que tienen derecho a violar a las mujeres de otras fes o a forzar su conversión al Islam, a pesar de que el Corán establece: "No hay obligación en la religión" (2:256).
El Islam, como el cristianismo, concibe a Dios como un ser eminentemente bueno. La basmala, la frase que se recita antes de toda sura o capítulo del Corán, nos dice: "En el nombre de Dios (Alá), el clemente, el misericordioso". Esta simple frase debería evitar que algunos musulmanes utilizaran a Dios como excusa para matar o cometer otros actos de crueldad.
No es ésta la primera vez, sin embargo, que la religión se utiliza como pretexto para cometer crímenes. Así como algunos eruditos islámicos sostienen que "los llamados versos de la espada", como el 9:5 y el 9:29, "han abrogado" los versos del Corán que hablan de "tolerancia, compasión y paz", como señala Ayaan Hirsi Ali, algunos filósofos y clérigos cristianos descartaron en el pasado las palabras de amor y tolerancia de Jesús para usar el Evangelio como pretexto para matar y expoliar.
Hoy, solsticio de invierno, debemos rechazar estas lecturas de los textos sagrados. La violencia es siempre reprobable, pero cuando se ejerce en nombre de Dios se convierte en un sacrilegio que ninguna religión puede permitir.
· POR LA EDUCACIÓN
En nombre de la educación, ayer un grupo de normalistas encapuchados quemaron una docena de vehículos en el estacionamiento de la Secretaría de Educación de Chiapas en Tuxtla Gutiérrez. Piensan que quemar autos les debe asegurar plazas automáticas.
@SergioSarmiento
viernes, 16 de diciembre de 2016
Una reconocida escritora francesa explicó por qué se arrepiente de ser mamá aunque ama a sus hijos
Una reconocida escritora francesa explicó por qué se arrepiente de ser mamá aunque ama a sus hijos
“Criar un hijo es 1% felicidad y 99 % preocupación”.
Sianatkins
Por Ghalia Naim
Mi madre se casó a los 30 y me tuvo a los 35, según ella, con papá jamás hablaron de tener hijos hasta que el test de embarazo salió positivo. Ninguno planeaba tenerlos pero fueron excelentes padres, eso sí, también aseguran que habrían sido muy felices sin mi. La gente siempre suele bromear con que fui “un error”, pero más bien fui algo no planeado y precisamente porque no tenían la forma típica de pensar. Mamá siempre me recalcó que las parejas no son nuestras y que no es necesario cumplir con todos los patrones de la sociedad para ser feliz, eso incluye ser procrear. La escritora francesa Corinne Maier piensa igual que mis padres y decidió publicar su opinión por la redes sociales, lo cual originó gran polémica.
PUBLICIDAD
Maier asegura que si pudiera elegir nuevamente jamás habría tenido hijos, no porque deteste a los suyos, solo que jamás pudo vivir su vida tranquila.
No pudo disfrutar de lo que realmente amaba o hacer lo que quisiera; siempre estaban los niños primero.
Para esta escritora, tener hijos es una decisión natural pero la sociedad de hoy en día te enjuicia si no los tienes. A través de los hijos, insertas tu vida en el sistema capitalista y de consumismo para no salir jamás porque, de otro modo, los niños no tendrán educación, salud o una vida “normal”.
“Los padres que no tienen hijos se la pasan justificándose. Dicen que no quieren pero los aman. Yo misma tengo algunos y también razones para odiarlos. Ya que los tengo, no puedo decirle a los demás que no lo hagan, parecería hipócrita. Pero eso de que no hay nada más lindo que la sonrisa de un niño… No sé. Estoy en contra del lavado de cerebros, los bebés no hacen la felicidad, eso es una ilusión”.
Corinne (derecha) y sus hijos.
“Muchos padres dicen que son dichosos y que sus hijos son su alegría, pero en mi experiencia la realidad es muy diferente. Criar un hijo es 1% felicidad y 99 % preocupación. Es un trabajo demandante y muchos se involucran demasiado asegurando hasta un desayuno balanceado y actividades extracurriculares. Yo me convertí en una madre estereotipo y los tenía todo el tiempo controlados, ¿cómo van a convertirse en adultos de ese modo?”
Además de estas confesiones, siente que hay demasiada gente en el mundo y que la paternidad o maternidad está sobrevalorada.
Dijo que sus hijos la dejaron en banca rota y se emocionó cuando terminó de pagarle la universidad a su hija.
Las opiniones de esta madre y escritora francesa dieron la vuelta por Europa y muchos padres resultaron sentirse del mismo modo. Personalmente, creo que ella tiene mucha razón, tener hijos debería ser una necesidad natural, no algo que la sociedad te exija prácticamente para encajar pero eso es solo mi punto de vista… De todas formas, yo si quiero hijos y muchos.
lunes, 12 de diciembre de 2016
El "boom" de la felicidad - Jordi Soler
El "boom" de la felicidad
Resulta cuando menos curioso el éxito explosivo que tienen el yoga y el mindfulness. Estas actividades han experimentado un boom similar al de la conciencia ecológica. Los habitantes originales de Estados Unidos, los Sioux, los Onondaga, los Tuscarora, han alertado, desde hace siglos, a sus paisanos y a quién quiera oírlos, de las calamidades que nos esperan si maltratamos el planeta; pero fue hasta hace apenas unos años que individuos, con un megáfono social importante, como Al Gore o Leonardo DiCaprio, se pusieron a reproducir, con un éxito atronador, esas consignas ecológicas elementales. ¿Por qué nadie le hizo caso a los indios y en cuanto Al Gore abrió la boca para decir lo mismo que ellos tuvo de inmediato la atención del planeta entero? Seguramente por ese potente megáfono social; ciertas propuestas, por estupendas que sean, no tienen eco suficiente hasta que una gran masa de gente las repite.
Lo mismo ha pasado con el mindfulness que practican desde hace milenios los monjes budistas, o con el yoga, una disciplina que había estado ahí, a disposición de quien tuviera un poco de curiosidad, durante mucho tiempo. ¿Por qué el mindfulness y el yoga han experimentado semejante boom? La periodista inglesa Ruth Whippman, investigando sobre el tema en Estados Unidos, observa que estas dos actividades promocionan la felicidad personal y que, en los últimos tiempos, se ha extendido la idea de que la felicidad viene de adentro de uno mismo, y no de los otros o, dicho de otra forma, que si tú mismo no eres feliz nadie va a conseguir que lo seas. Whippman observa esto en Estados Unidos, pero la idea vale igual en México y en otros países, donde también existe el boom del yoga y el mindfulness.
Si estas dos actividades efectivamente promueven la felicidad personal, ¿quiere decir que hoy, en pleno boom, hay más personas felices?
Que la felicidad proviene solo de uno mismo es una verdad a medias, porque con frecuencia la felicidad la contagia el otro, la persona a la que amas, los amigos, los hijos, el perro y un largo etcétera. Y en todo caso, no puede uno andar al acecho de la felicidad, como propone la declaración de independencia de Estados Unidos con su famoso precepto the pursuit of happines, que tanta confusión, como se va viendo ahora, ha producido.
La felicidades un estado de ánimo aleatorio, espontaneo y efímero de, digamos, alegría integral, que llega de vez cuando y a ramalazos. Lo más que puede experimentarse son momentos de felicidad, esa es la gracia, si la felicidad fuera un estado permanente viviríamos en un mundo de idiotas con sonrisa boba.
La felicidad proviene exclusivamente de uno mismo, dice la creencia del nuevo milenio y el Food Marketing Institute Report de 2014, nos informa que en Estados Unidos la mitad de las comidas (la más entrañable de las actividades sociales) se hacen en solitario y que en 1974 la mitad de los estadunidenses socializaba con sus vecinos, frente a un pírrico tercio que lo hace ahora. Estos datos, que ilustran parcialmente la deriva hacia la ¿felicidad? solitaria, cobran sustancia con estos números que publican el Departamento de Salud de aquel país y la revista Time: más de veinte millones de personas practican la meditación en Estados Unidos, y el gasto anual en cursos de mindfulness, productos y merchandising es de 4,000 millones de dólares. La cifra del yoga es todavía más importante: los nuevos yoguis gastan 10,000 millones de dólares al año en clases de yoga y accesorios. De las industrias que crecen más, y más rápidamente, en Estados Unidos, el yoga ocupa el cuarto lugar.
Hasta hace muy pocos años el yoga y el mindfulness eran actividades marginales, que hacían unos cuantos, y hoy se han convertido, en muy poco tiempo, en una industria multimillonaria. No vamos a despreciar los beneficios físicos y mentales que da la yoga, ni puede negarse que el mindfulness ayuda a ciertas personas a encuadrar algún episodio vital, pero también es verdad que el éxito súbito y meteórico de estas dos industrias es el síntoma de una espeluznante perturbación sociológica: lo de hoy es cultivar la espiritualidad, mejor si tiene aire oriental, como vehículo para conquistar la felicidad. Pues vaya novedad, eso está en la agenda de nuestra especie desde el principio de los tiempos, pero ahora ha dejado de ser un esfuerzo personal, solitario, íntimo, para convertirse en un acto colectivo de promiscuidad espiritual, que produce un montón de dinero y, en el mejor de los casos, un instante de felicidad estandarizada.
jueves, 8 de diciembre de 2016
Un encuentro entre escritores con el autor noruego que ha transformado la autoficción y su familia.
JUEVES 08 DE DICIEMBRE DE 2016
ASISTIR CON tus hijos a un festival literario que ofrece cachaça, sensualidad a raudales y una fiesta en barco cada noche parece una pésima idea y también una escena sacada de un libro de Karl Ove Knausgård: una en la que un escritor que podría ser Karl Ove reconoce que un bebé en un carrito no aporta nada a su vida, ni la enriquece, “al contrario, se pierde algo, una parte de mi yo”.
Siempre puedes jugar a encontrar las cinco diferencias entre la vida y la literatura, pero ¿qué ocurre cuando en realidad ves venir a un escritor llamado Karl Ove Knausgård en bermudas, con la mochila a la espalda y de la mano de su pequeño y emocionado hijo Jhon, preparados como noruegos para un paseo en barco en plena jungla? ¿En qué parte de la literatura te coloca eso? Yo, que voy en el mismo barco, con mi bebé de siete meses, pienso que ver a Knausgård en una situación doméstica es como asistir al momento en el que Proust se pierde en una magdalena. Casi te da vergüenza ser testigo de algo así porque ¿cómo vas a contarlo mejor que ellos.
VER A KNAUSGÅRD EN UNA SITUACIÓN DOMÉSTICA ES COMO ASISTIR AL MOMENTO EN EL QUE PROUST SE PIERDE EN UNA MAGDALENA
Nos dirigimos a una isla que podríamos colonizar y bautizar como la Isla de la Paternidad, navegando sobre el mar de Paraty, una ciudad al norte de Río de Janeiro. Mientras los escritores hablan, mi bebé, Amaru, rueda como una pelota por el suelo del barco y yo lo cojo intentando no tirar mi copa de vino. Karl Ove sigue a su hijo –el que siempre está lloriqueando en sus libros–, y yo los envidio porque van a meterse al mar. Son inseparables, salen del agua y se lanzan una y otra vez. Entonces alguien se ofrece a cuidar a mi bebé y me descuelgo sobre el mar.
VER A KNAUSGÅRD EN UNA SITUACIÓN DOMÉSTICA ES COMO ASISTIR AL MOMENTO EN EL QUE PROUST SE PIERDE EN UNA MAGDALENA
Nos dirigimos a una isla que podríamos colonizar y bautizar como la Isla de la Paternidad, navegando sobre el mar de Paraty, una ciudad al norte de Río de Janeiro. Mientras los escritores hablan, mi bebé, Amaru, rueda como una pelota por el suelo del barco y yo lo cojo intentando no tirar mi copa de vino. Karl Ove sigue a su hijo –el que siempre está lloriqueando en sus libros–, y yo los envidio porque van a meterse al mar. Son inseparables, salen del agua y se lanzan una y otra vez. Entonces alguien se ofrece a cuidar a mi bebé y me descuelgo sobre el mar.
En cambio Karl Ove no descuida un minuto sus obligaciones. Él hace por la familia lo que tiene que hacer, porque lo único que le ha enseñado la vida es “a soportarla”, “nunca a cuestionarla”, “y a quemar en la escritura los deseos generados”. Y sin embargo, esto que está pasando, entre el mar, un padre y un hijo –fuera del barco lleno de escritores–, no tiene nada que ver con los pasajes del tedio doméstico.
Me siento confundida, esperaba encontrarme a un tipo superado por su paternidad, arrastrando a un niño caprichoso. Pero ríen. Me doy cuenta de que asisto a la literatura antes de la literatura. Corrientes velocísimas, eléctricas, de agua se cruzan en mi cuerpo. Le pregunto a Karl Ove –estamos ambos con el mar hasta el cuello– si son medusas. “Claro que lo son”, contesta, “y muerden”, agrega sonriendo. Pero no pican. Luego emergemos de las aguas del mundo y nos adentramos otra vez en la Isla de la Ma/Paternidad. Amaru gatea hacia mí. Karl le sirve un plato de arroz a Jhon. Quizá este momento sea para padres, madres e hijos la tregua, la suspensión del tedio, ese otro lugar, algo parecido a la alegría, como la fiesta de la escritura. Nuestra lucha. Los hijos (fugazmente) en el centro de la existencia.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)