martes, 26 de septiembre de 2017

Héroes





26/09/2017 12:18 AM


México

Los perros rescatistas han invadido las redes sociales. Son adorados, y bien está que así sea. Me parece que no se trata solo de la cantidad de vidas que han salvado. Se trata también de la alegría y el cariño instantáneo que llevan a donde sea que vayan esos viejos compañeros de la humanidad. Verlos caminar entre los escombros, entre los edificios de rodillas, guapos, bien dispuestos, es una inyección de ánimo que va más allá incluso de las esperanzas concretas que significan sus talentos extraordinarios. Todo eso y más son los perros rescatistas, que, recordemos, también se juegan el físico y hasta la vida, y que merecen el cariño de los viandantes, el homenaje en las redes sociales, el reportaje en la TV o el periódico.

Nada más que no son héroes.

Es una obviedad decirlo, pero el heroísmo requiere un acto consciente de desprendimiento, de disposición al sacrificio, que no les está reservado a los perros, entrenados literalmente para "jugar" con esas personas que buscan. El heroísmo requiere saber que salvar la vida de tu vecino puede tener como precio la tuya y aun así empuñar el casco y la pala e ir a remover escombros. Sí, la palabra héroe es enorme, una de esas que realmente deben reservarse para momentos y personas excepcionales a fin de no vaciarla de significado, y estos sismos infernales nos han dado numerosas oportunidades de usarla con justicia. Va la lista de nuevo. Son heroicos las mujeres y los hombres que no titubearon en retar a las montañas de escombros. Los marinos y militares que han hecho un trabajo valiosísimo, incluido por supuesto ese soldado que rompió en llanto al no poder salvar a una mujer y su hija. Son héroes los rescatistas japoneses que homenajearon a esa otra mujer fallecida con los cascos en el pecho a manera de reverencia. Las y los 72 israelíes que cruzaron el mundo para salvar a personas de un país que probablemente no conocían. Ese albañil. Los bomberos y las y los topos y los paramédicos, otra vez. El cirujano que no dejó de operar a su paciente en pleno terremoto. Las maestras que pensaron en sus alumnos antes que en ellas. Los ingenieros y arquitectos que se meten a los edificios agrietados con la esperanza de que a esa familia sí puedan decirle que sigue teniendo una casa para vivir.

En esas personas, las que vencieron al miedo, las que tomaron una decisión, pues, está el heroísmo de este país. Reservemos a ellos la palabra héroe, heroína, para que siga representando el poder excepcional de sus actos.

viernes, 22 de septiembre de 2017

La sociedad de Monsiváis


Estrictamente Personal

RAYMUNDO RIVA PALACIO

08:23 AM

ARTICULO

Las fotografías de la casta son poderosas. Las goyas a los binomios humanos-caninos de la UNAM, tras la detección de seis personas que pudieron ser rescatadas vivas. Las decenas de personas que llegaron en la madrugada a los edificios colapsados con tortas y emparedados para los rescatistas. Los grupos de San Luis Potosí y Jalisco que se sumaron a la búsqueda de sobrevivientes. La notable aportación de la sociedad a los centros de acopio, que saturaron con agua, alimentos y frazadas. O el canto espontáneo en las calles del desastre mexicano del “Cielito Lindo”, inyectando de eléctrico orgullo a un pueblo que el exvicepresidente de Estados Unidos, Joe Biden, impactado por las imágenes, llamó “la resiliencia y coraje del pueblo mexicano”.

La sociedad civil que retrató el inmenso Carlos Monsiváis hasta convertirla en mito tras su activismo incondicional en las tareas de rescate de víctimas en los sismos de 1985, volvió a resurgir con fuerza tras este nuevo 19 de septiembre para no olvidar, y rebasó sin proponérselo a las autoridades. Lo mismo pasó hace 32 años cuando el corpus social de la Ciudad de México se transformó. Se perdió para siempre el respeto al poder, en el principio de la beligerancia y el cambio. El régimen político comenzó su agonía, que tuvo un tiro mortal en 1997, al llegar la izquierda al gobierno en la capital, y el de gracia en 2000, con la alternancia en la presidencia. Aquél septiembre no es equiparable, sin embargo, a este septiembre. En 1985 fue la metamorfosis política; en 2017, hoy mismo, lo que está en juego es el proyecto de nación.

El sismo en el centro de México se empatará con el sismo en el sur. En Chiapas y Oaxaca pasó el dramatismo y se guardó el luto, y se encuentran en el proceso de reconstrucción. ¿Cuánto saldrá? Hay estimaciones de que en Chiapas el costo será superior a los 12 mil millones de pesos; en Oaxaca, sobre ocho mil. El Fondo de Desastres Naturales, el Fonden, que se dedicará casi íntegramente a su reconstrucción, podrá cubrir menos de 25 por ciento de esa proyección financiera. Ese dinero, en todo caso, servirá para que las decenas de miles que perdieron sus viviendas, vuelvan a tenerlas, reconstruidas por el gobierno federal, pero en el mismo lugar donde estaban. Recuperarán su patrimonio familiar, pero donde se levantarán sus nuevas casas será un territorio más pobre que antes del sismo, devastado y depauperado el entorno.


No habrá futuro para esos estados si no va acompañada la reconstrucción con una recuperación económica. El gobierno lo buscará en breve, mediante el programa de Zonas Económicas Especiales, cuyos estímulos fiscales, para incentivar la inversión privada, se anunciarán la próxima semana.

Para allá van la Ciudad de México (gobernada por la izquierda) y los otros estados sangrados por el sismo, Puebla (gobernado por el PAN), Morelos (gobernado por el PRD) y el Estado de México (gobernado por el PRI), donde este viernes se acabará el luto. Se está agotando el tiempo para encontrar sobrevivientes y los rescates milagrosos serán perlas en el océano. Entonces vendrá la reconstrucción, donde no hay proyecciones serias sobre el costo final para enfrentar la destrucción que abarca de manera crítica a estas cuatro entidades. Pero como en el sur, tampoco será suficiente. El dinero entregado en forma de vivienda y asistencia es un alivio efímero. También se requerirá la reactivación económica. El problema es cómo y cuándo, y la realidad es que en el momento actual, con la política anunciada, la única proyección posible es que, a la vuelta de los meses, la gente será más pobre de como era antes del 19 de septiembre.

La diferencia entre 1985 y 2017 son 32 años de concientización política y confrontación al poder. Es también, como se ha demostrado estos días, la enorme capacidad de organización por fuera de los partidos y sus estructuras corporativas. Las plataformas tecnológicas y las redes sociales, que conectaron en tiempo real las necesidades con las respuestas ciudadanas, son sangre social que ha tenido expresiones altamente políticas, como el repudio que vivió con hostilidad verbal el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, cuando visitó un edificio colapsado. Las señales de hartazgo las está viendo el presidente Enrique Peña Nieto, pero no se sabe qué tanto las está procesando correctamente.

Los sismos lo colocan en una disyuntiva. El 2018 se lo está jugando en el último trimestre de 2017, y el gobierno no tiene el dinero para salir adelante de esta nueva desventura. Pero lo puede lograr con buena ingeniería financiera y la ayuda de los mercados internacionales. No basta una modificación al Presupuesto para el próximo año, como sugirió el secretario de Hacienda, José Antonio Meade, sino una partida independiente dedicada a la recuperación económica de la mitad del país, que esté estrechamente vigilada, como algunos senadores lo están sugiriendo, por una comisión especial. La corrupción debe eliminarse por completo de esos fondos, incluso del terreno de la percepción. Estos recursos tienen que ser apoyados con líneas de crédito internacionales, que podría buscar Meade con el Fondo Monetario Internacional.


Dinero es el nombre del juego de la reconstrucción, pero también de la sucesión. El camino para Peña Nieto parece ser uno sólo, quizá distinto al que tenía pensado hasta el 7 de septiembre, cuando dos sismos devastadores modificaron los escenarios de la sucesión y metieron en su decisión final quién es el mejor calificado para que la candidatura presidencial del PRI no termine de quebrar a la nación.

Una lista negra


Del libro ‘Los peores desastres históricos’ publicado por Océano y otros sitios electrónicos, Gil ha traído a esta página del directorio esta lista negra de grandes terremotos en el mundo:
México
Terremoto de San Francisco. 1906. El mayor desastre geológico de Estados Unidos.
18 de abril de 1906. 5:12 a.m.
La ciudad de San Francisco resiente un temblor inicial, seguido de un gran terremoto de 7.7 grados en la escala de Richter, que duró 45 segundos. La falla de San Andrés se abrió a lo largo de 430 kilómetros.
Edificios caídos, tuberías de gas reventadas, tres días de incendios.
Más de 28 mil edificios destruidos, en su mayor parte de madera.
400 millones de dólares en pérdidas.
225 mil personas sin hogar.
3 mil muertos, aprox.
***
Terremoto de Valdivia. 1960. Conocido como el Gran Terremoto de Chile.
22 de mayo de 1960. 14:55 p.m.
La ciudad de Valdivia sufre un temblor de 9.5 grados en la escala de Richter. A las 16:20 una ola de 8 metros de altura azotó la costa chilena entre Concepción y Chiloé a más de 150km/h. La onda expansiva provocó un maremoto de 10 metros de altura que azotó la isla de Hilo, en el archipiélago de Hawái, provocando la muerte de 61 personas. Similares eventos se registraron en Japón, las Filipinas, Rapa Nui, en el estado de California, Estados Unidos, Nueva Zelanda, Samoa y las islas Marquesas.
En Chile, en la ciudad de Chillán 20 por ciento de los edificios quedaron dañados gravemente; en Talcahuano 65 por ciento de las viviendas, destruidas; en Concepción, más de 2 mil hogares arrasados; Los Ángeles quedó destruida en 60 por ciento; Angol en más de 83 por ciento. En Valdivia 40 por ciento de los hogares fue destruido dejando a más de 20 mil damnificados. Puerto Montt sufrió la destrucción del 80 por ciento de sus edificios.
2 millones de damnificados.
Más de 6 mil muertos.
***
Terremoto de México. 1985.
19 de septiembre de 1985. 7:19 a.m.
La Ciudad de México resiente un terremoto, originado frente a las costas del estado de Michoacán, con magnitud de 8.1 grados en la escala de Richter que duró más de dos minutos. La energía que se liberó en dicho movimiento fue equivalente a 1114 bombas atómicas de 20 kilotones cada una. El 20 de septiembre siguiente hubo una réplica a las 7:37 p.m. con una magnitud de 7.5 grados en la escala de Richter.
Edificios emblemáticos en ruinas o parcialmente destruidos: Hospital General de México, Unidad de ginecología y residencia médica. Hospital Juárez y Centro Médico Nacional. Módulos central y norte del edificio Nuevo León en el conjunto urbano de Tlatelolco. Tres edificios del Multifamiliar Juárez. Televicentro (ahora Televisa). Televiteatros (ahora Centro Cultural Telmex). Los hoteles Regis, D’Carlo y del Prado. Varias fábricas de costura en San Antonio Abad.
Se creó la Brigada de Rescate Topos Tlatelolco, actualmente grupo de rescate a nivel internacional.
Más de 4 mil personas rescatadas con vida de los escombros (algunas incluso diez días después del primer sismo.)
30 mil construcciones destruidas.
68 mil construcciones con daños parciales.
Entre 150 mil y 200 mil empleos perdidos.
Nunca hubo una cifra oficial creíble, algunos expertos hablaron entonces de más de 20 mil muertos.
***
Terremoto de Irán. 2003. En la ciudad de Bam, de 2000 años de Antigüedad.
26 de diciembre de 2003. 5:26 a.m.
La ciudad de Bam, situada en la Ruta de la Seda entre el Extremo Oriente y el Mediterráneo, resiente un terremoto de 6.5 grados Richter durante 12 segundos.
El 80 por ciento de la ciudad histórica arrasada.
Mil millones de dólares calculados para reconstrucción.
12 mil personas sin hogar.
30 mil muertos aprox.
***
Terremoto de Sumatra. 2004. Terremoto submarino de Sumatra-Andamán. (Justo un año después del terremoto de Bam.)
26 de diciembre de 2004. 21:58 p.m.
La costa occidental de Sumatra del norte, en el océano Índico, experimenta un temblor de magnitud 9.0 en la escala de magnitud del momento. Según esta escala es el tercer terremoto más grande registrado desde la existencia del sismógrafo. 
El tsunami resultante devastó las costas de Indonesia, Sri Lanka, India, Tailandia entre otros países del sur y sudeste de Asia donde las olas llegaron a los 30 metros.
Un millón de personas sin hogar.
Más de 200 mil muertos.
***
Terremoto de Haití. 2010.
12 de enero de 2010. 16:53 p.m.
A 15 kilómetros de la ciudad de Puerto Príncipe se origina un temblor de magnitud de 7.3 grados Richter.
Pérdidas materiales calculadas en 7 mil 900 millones de dólares.
350 mil heridos.
Millón y medio de personas sin hogar.
Más de 300 mil muertos.
***
Terremoto de Japón. 2011. Terremoto de la costa del Pacífico. 
11 de marzo de 2011. 14:46 p.m.
La Ciudad de Miyagi, Japón, experimentó un temblor de magnitud 9.0 grados en la escala de magnitud del momento, que duró 6 minutos. Hubo más de 100 réplicas.
La NASA comprobó que el movimiento telúrico alteró el eje terrestre en aprox. 10 cm.
Después de este terremoto se generó una alerta de tsunami para la costa pacífica de Japón y otros países, incluidos Nueva Zelanda, Australia, Rusia, Guam, Filipinas, Indonesia, Papúa Nueva Guinea, Nauru, Hawái, Islas Marianas del Norte, Estados Unidos, Taiwán, América Central, México y en Sudamérica, Colombia, Perú, Ecuador y Chile.
Más de 16 mil desaparecidos.
Más de 9 mil 500 muertos.
***
Contra viento, marea y sismos, los viernes Gil toma la copa con amigos verdaderos. Mientras el mesero trémulo acerca la charola que soporta el Glenfiddich 15, Gamés pondrá a circular la frase de Ernesto Sábato por el mantel tan blanco: Dios es un pobre diablo, con un problema demasiado complicado para sus fuerzas. Lucha con la materia como un artista con su obra. Algunas veces, en algún momento logra ser Goya, pero generalmente es un desastre.
Gil s’en va
gil.games@milenio.com
Con información de: sitios electrónicos aquevedo. Wordpress, El Economista, Temblores en México. Libro: Los peores desastres históricos (Océano).

La réplica silenciosa

22/09/2017 03:40 AM


México

Como lo decía ayer Héctor Aguilar Camín, hemos conversado en estos días aciagos sobre una característica del temblor del martes para la que no tenemos claro que estemos preparados.

Una mejor cultura de la prevención, la alarma, renovados códigos de construcción, el menor número de edificios colapsados y la hora en que tembló, que algo tuvo que ver, ayudó a que el número de muertos no tenga nada que ver con lo vivido en 1985.

Hay, sin embargo, un daño que vamos descubriendo poco a poco, hora con hora, que puede resultar un reto monumental para autoridades y ciudadanos: la cantidad de edificios dañados, y los que quedarán inhabitables.

Hoy, muchos tenemos familiares o amigos que están durmiendo en casa. Creíamos ayer que sería temporal. Pero poco a poco, ya sean elementos de Protección Civil o ingenieros certificados particulares han ido revisando edificios y casas. Lo que uno escucha cuando reportea no es muy alentador. Edificios a los que no hay manera de regresar serán demolidos. Edificios que deben esperar a saber qué pasa con la edificación vecina para saber si no se lo "llevará" cuando se caiga o sea demolida. Hay muchos que solo serán habitables con mucha inversión y hay otros cuyo dictamen es algo así como... pues el edificio está bien, sí se resintió, mientras no vuelva a temblar pueden estar tranquilos.

Todo indica que tendremos algún tipo de crisis de vivienda.

Y tal vez, una de seguros y de financiamiento. Las hipotecas tienen seguros, pero contra el saldo de la hipoteca para ser pagado al banco.

¿Cuántos edificios que resultarán inhabitables tienen seguro contra sismos? ¿Cuántos tienen seguros contra daños que cubran las inversiones que se tendrán que hacer para reparar lo reparable? ¿Quién paga las demoliciones? ¿Cuáles son las reglas de esas demoliciones? ¿Qué hacemos con aquellos cuyo departamento era su único patrimonio y lo perdieron? ¿Cuántos edificios necesitan ser evaluados? Ricardo Monreal, delegado de Cuauhtémoc, me dijo el miércoles que tenía más de 300 peticiones y que veía venir muchas más. ¿Y en Benito Juárez, Xochimilco, Tlalpan...?

¿Quién se hace cargo de eso? Cuando termine la emergencia y empiece la crisis.

Twitter: @puigcarlos

El puño en alto


El puño en alto / Juan Villoro


22 Sep. 2017


Eres del lugar donde recoges

la basura.

Donde dos rayos caen

en el mismo sitio.

Porque viste el primero,

esperas el segundo.

Y aquí sigues.

Donde la tierra se abre

y la gente se junta.



Otra vez llegaste tarde:

estás vivo por impuntual,

por no asistir a la cita que

a las 13:14 te había

dado la muerte,

treinta y dos años después

de la otra cita, a la que

tampoco llegaste

a tiempo.

Eres la víctima omitida.

El edificio se cimbró y no

viste pasar la vida ante

tus ojos, como sucede

en las películas.

Te dolió una parte del cuerpo

que no sabías que existía:

La piel de la memoria,

que no traía escenas

de tu vida, sino del

animal que oye crujir

a la materia.

También el agua recordó

lo que fue cuando

era dueña de este sitio.

Tembló en los ríos.

Tembló en las casas

que inventamos en los ríos.

Recogiste los libros de otro

tiempo, el que fuiste

hace mucho ante

esas páginas.










Llovió sobre mojado

después de las fiestas

de la patria,

Más cercanas al jolgorio

que a la grandeza.

¿Queda cupo para los héroes

en septiembre?

Tienes miedo.

Tienes el valor de tener miedo.

No sabes qué hacer,

pero haces algo.

No fundaste la ciudad

ni la defendiste de invasores.










Eres, si acaso, un pordiosero

de la historia.

El que recoge desperdicios

después de la tragedia.

El que acomoda ladrillos,

junta piedras,

encuentra un peine,

dos zapatos que no hacen juego,

una cartera con fotografías.

El que ordena partes sueltas,

trozos de trozos,

restos, sólo restos.

Lo que cabe en las manos.










El que no tiene guantes.

El que reparte agua.

El que regala sus medicinas

porque ya se curó de espanto.

El que vio la luna y soñó

cosas raras, pero no

supo interpretarlas.

El que oyó maullar a su gato

media hora antes y sólo

lo entendió con la primera

sacudida, cuando el agua

salía del excusado.

El que rezó en una lengua

extraña porque olvidó

cómo se reza.

El que recordó quién estaba

en qué lugar.

El que fue por sus hijos

a la escuela.

El que pensó en los que

tenían hijos en la escuela.

El que se quedó sin pila.

El que salió a la calle a ofrecer

su celular.

El que entró a robar a un

comercio abandonado

y se arrepintió en

un centro de acopio.

El que supo que salía sobrando.

El que estuvo despierto para

que los demás durmieran.










El que es de aquí.

El que acaba de llegar

y ya es de aquí.

El que dice "ciudad" por decir

tú y yo y Pedro y Marta

y Francisco y Guadalupe.

El que lleva dos días sin luz

ni agua.

El que todavía respira.

El que levantó un puño

para pedir silencio.

Los que le hicieron caso.

Los que levantaron el puño.

Los que levantaron el puño

para escuchar

si alguien vivía.

Los que levantaron el puño para

escuchar si alguien

vivía y oyeron

un murmullo.

Los que no dejan de escuchar.

Cardiografía social del sismo


Cardiografía social del sismo


22/09/2017 03:47 AM


México

Recuerdo del 85:

En el principio es el desbordamiento de la solidaridad, la emoción incomparable de miles de ciudadanos echados a las calles por su propia cuenta para ayudar a otros, para aliviar la tragedia de otros, para insertarse en una marea anónima, admirable, de unidad ante el sufrimiento.

La cara de la solidaridad colectiva ante la desgracia desata una épica mediática, un reconocimiento universal, y confirma el orgullo de pertenecer a esta movilización autónoma, genuinamente espontánea, admirablemente generosa, irrefutable. Aparecen pronto las grandes historias de éxito y rescate, momentos de heroísmo anónimo que serán imborrables.

Luego vienen los primeros choques de la colectividad solidaria con su propio ímpetu y con las restricciones que la lenta realidad y los limitados gobiernos van imponiendo al torrente. Empiezan a aparecer las frustraciones, las quejas, las derrotas ante los escombros.

Crecen los desencuentros de la marea solidaria con las autoridades, el rumor y la desinformación. Se propagan grandes mentiras que acabarán siendo verdades de piedra. Empieza a ser irritante la descoordinación del gobierno con el gobierno, y de todas las formas de gobierno con la sociedad sobreexcitada en las calles y en los medios.

Pasan al primer plano la ineficacia y estupidez, las mentiras que tratan de ocultar el daño, la riña de la opinión pública con sus autoridades y con sus informadores.

Se pasa poco a poco de la solidaridad a la queja, de la ayuda a la exigencia, de la emoción de comunidad sin fisuras al amargo sucedáneo de las fisuras de la sociedad consigo misma y con su gobierno.

Poco a poco la tragedia busca responsables. Los damnificados voltean a la autoridad pidiendo auxilio. La autoridad está rebasada por el tamaño de los daños y por sus propias debilidades.

La marea de la opinión pública cambia entonces. Pasa de la solidaridad espontánea a la búsqueda de responsables.

Las autoridades aparecen poco a poco como responsables y luego como culpables. Primero, de su ineficacia para responder a la tragedia. Luego, de la tragedia misma.

Las consecuencias políticas de esta cardiografía social del sismo apenas pueden exagerarse. Son el verdadero sismo secreto. La elección de 2018 está desde ahora cruzada por sus grietas.

hector.aguilarcamin@milenio.com

jueves, 21 de septiembre de 2017

Después del sismo

Alrededor de los derribos se congregaban miles de personas dispuestas a ayudar, a traer una pala, una sierra, un pico. Los solidarios son tantos que de pronto entorpecen la circulación en las colonias Condesa y Roma.

21/09/2017 01:44 AM

México

Gil Gamés abandonó el mullido sillón y salió a caminar por las calles donde el temblor dejó edificios caídos, desolación y muerte. El miércoles amaneció soleado y triste, un día ansioso y una tarde lluviosa. Largas filas de jóvenes, hombres y mujeres, avanzaban por las calles. Llevaban casco y pala, agua, víveres. A la una y media, 24 horas después del terremoto, algunas zonas de la ciudad habían sido tomadas por una multitud de jóvenes dispuesta a ayudar, a mover piedra sobre piedra. En las colonias Condesa y Roma, los centros de acopio se volvieron auténticos centros de solidaridad. Sobraban manos y la ayuda a todas luces resultaba un gran apoyo que desbordaba a los damnificados. La cantidad impresionante de donativos debería salir a otros lugares del país donde se necesitan con urgencia.

Alrededor de los derribos se congregaban miles de personas dispuestas a ayudar, a traer una pala, una sierra, un pico. Los solidarios son tantos que de pronto entorpecen la circulación en esa parte de la ciudad. Gil cavila. Algo ha ocurrido en medio de la debacle: de la sociedad civil a la multitud de jóvenes. Ciertamente el Ejército y Protección Civil hacen su trabajo, pero los jóvenes imponen su ley numerosa de entusiasmos sin freno. Gilga nunca había visto las calles suspendidas por los impulsos genuinos de la ayuda a los demás a cambio de nada, o bueno, a cambio de una tarde y una noche de autorreconocimento (a veces Gilga redacta como Monsiváis y se le entiende poco).

Aprender

La revista Proceso publicó en su sitio un artículo de Juan Carlos Ortega Pardo. “Diez veces más débil que el del 85”. En estas letras, Ortega pardo afirma, y con razón, que “la escala de Richter es logarítmica, y no lineal. Esto significa que un terremoto de 8.1 grados tiene una magnitud diez veces mayor que uno de 7.1 (y no sólo es 10% 0 15% más fuerte, como podría pensarse). Dicho de otro modo: ayer, un sismo diez veces menor que el de 85 derribó 40 edificios y mató a casi 100 personas en la Ciudad de México”.

Gil se llevó los dedos índice y pulgar al nacimiento de la nariz y meditó: de acuerdo con los logaritmos, pero ¿quién podrá explicarle a Gilga por qué edificios que soportaron el terremoto del 85 cayeron en 2017? Gamés los ha visto, ahí estaban, no fueron reconstruidos ni mucho menos, simplemente no soportaron, con todo y logaritmo, el sismo de 7.1. Misterio: un terremoto de 8 no destruye una edificación y uno de 7 sí, explíquenle eso a Gamés.

Ortega Pardo escribe en Proceso: “en 32 años no aprendimos un carajo. Una escuela y un taller textil se nos derrumbaron; se siguieron dando permisos de papel; se permitió que gente viviera en edificios viejos y dañados (y gente decidió vivir en edificios viejos y dañados); Protección Civil no hizo las revisiones suficientes, nuestra conciencia y capacidad de exigir tampoco avanzaron y a nadie le interesó explicarnos la diferencia entre intensidad y magnitud”. Así que descubrimos que no estábamos en manos de la planeación y la prevención sino de la suerte (…) el Estado falló. Su principal función es la de garantizar la seguridad y volvió a fallar”.

Gil ya entendió: el culpable del sismo es Peña Nieto. O no solo él, sino los jefes de Gobierno de la ciudad, muy principalmente Cárdenas y Liópez. Con la pena, pero Gamés sostiene que se han hecho avances notables en materia de prevención. Y que un terremoto siempre tendrá, como en todas partes del mundo, resultados impredecibles. Tal vez Ortega Pardo viva en un mundo paralelo, o quizá no salió a la calle: el exterior cura de las ensoñaciones.

Repetir

Ahora mal sin bien: en México incluso la mano del destino juega con el absurdo. ¿O alguien podría explicarle a Gil por qué 32 años después de un terremoto ocurre un sismo gigante ¡el mismo día!? ¿Entonces los 19 de septiembre tendremos que esperar algo terrible? ¿Saben una cosa? Gamés va a retirarse a sus habitaciones y si viene una réplica saldrá como diablo que lleva el alma, o como se diga.

Caracho, todo es muy raro, Ítalo Calvino: Toda historia no es otra cosa que una infinita catástrofe de la cual intentamos salir lo mejor posible.

Gil s’en va

gil.games@milenio.com