viernes, 23 de agosto de 2013

Juan Villoro / El carril que nos toca

23 agosto 2013.- Hace unos 25 años, el pintor Saúl Villa me reveló un argumento sobre la textura del mundo que tardé décadas en aquilatar. Espléndido lector y cinéfilo consumado, mi amigo daba estupendas recomendaciones sobre libros y películas. En una ocasión le pregunté acerca de un estreno y comentó: No lo he visto, pero no creo que valga la pena. Quise saber en qué basaba su argumentación y me explicó que no le había gustado a una amiga cuyo nombre no retuve. Saúl no era una persona fácil de influir, de modo que me interesó saber por qué respetaba tanto esa opinión. Es la más rápida de mi carril, dijo en tono irrefutable.


El pintor organizaba la realidad a partir de las jerarquías de su carril. Para la portada de mi libro Albercas, creó una superficie con ondas que aludían a los misterios de la transparencia. Nada es tan elocuente como lo que está a la vista y sin embargo encierra un enigma.


Un cuarto de siglo después de aquella inolvidable frase de Saúl, coincidí con el escritor Naief Yehya en Nueva York y me habló de la alberca en la que todos los días nada tres mil metros.


Naief pertenece a una comunidad que convive de siete a nueve de la mañana en el carril de una alberca de Brooklyn. Aunque podría nadar por su cuenta, prefiere hacerlo en esa fraternidad donde los puestos se definen con rigor. Uno de los aspectos más interesantes de la secuencia de natación es que los puestos se escalonan con precisión. Es posible rebasar, pero hay que respetar un orden básico. El que va al frente deber merecerlo. En consecuencia, sus opiniones son respetadas como una extensión de su destreza acuática. Si no le gusta una película, no hay que verla.


El autor de La verdad de la vida en Marte es una de las personas más amables que conozco. Esto lo llevó a una cortesía insólita en la natación: una mañana le cedió el paso a otro nadador. Pensó que, llegado el momento, recibiría un trato similar, pero no fue así. En el agua, la gentileza es un signo de debilidad.


Esto no implica una relación hostil. Las molestias representan un estímulo. Todos se quejan del que va enfrente y de la temperatura del agua y eso ayuda a disputar por metros y segundos. El tiempo y el espacio son ahí algo cuantificable. Se sabe quién toca primero la meta y quién la toca al último.


El atleta que se prepara para un deporte individual lucha contra sí mismo. El nadador aficionado prefiere complicarse la vida en compañía. El inobjetable desenlace puede llegar después de roces previos, que sin embargo se aceptan como una sencilla impureza de la realidad.


Al oír a Naief entendí que estaba ante algo más intenso que el ejercicio. Ese esfuerzo tiene sentido por la presencia de los otros. Se trata de una convivencia extrema, un peculiar juego de conjunto donde los participantes luchan entre sí. El único otro deporte que se le parece es la vida diaria.


La justicia en el carril no es perfecta porque uno le puede tapar el camino a otro, pero eso no llega a representar una falta grave, y mucho menos un delito. Nadar en densidad es una práctica moral, donde los demás son impedimentos necesarios.


Naief me hizo recuperar el asombro con que oí a Saúl hace 25 años. ¿Hay algo más noble que concederle autoridad a quien nos supera? Y el hecho de que el ganador se pueda servir de una treta incrementa la dignidad de quien lo admira. Soportar defectos engrandece más que reconocer méritos.


Uno de los grandes problemas de la vida social es que no tiene carriles ni participantes reconocibles. Ignoramos la duración del trayecto, lo que se espera de nosotros, el punto exacto en que invadimos el carril de al lado.


En un poema, Carlos Pellicer dice: Agua del nadador que la divide. La única forma de poseer una superficie líquida es atravesarla, y mucho antes Quevedo escribió: Nadar sabe mi llama el agua fría. No es fácil pasar del tonificante ardor de la piscina a la zona donde hay toallas, la ropa está seca y se respira por la nariz. El ruidoso caos que llamamos normalidad puede ser recorrido sin llegar a otra meta que el extravío. El cuento El nadador, de John Cheever que Frank Perry llevó al cine con Burt Lancaster, plantea ese dilema existencial. El protagonista sólo se siente cómodo en el agua y recorre el acaudalado suburbio donde vive nadando de piscina en piscina. A la orilla de cada alberca, repasa y modifica las relaciones que ha tenido en su vida. Cuando finalmente vuelve a casa, descubre que ya no vive ahí. Esta anti-Odisea plantea el riesgo de querer vivir en otro elemento.


La memoria de la especie no se desprende de la tentación del agua. Las microsociedades que se reúnen en el carril de una piscina aluden a los tiempos en que fuimos sociables protozoarios, pero también a un porvenir, todavía utópico, en que la vida en común estará tan bien organizada que todo mundo se dará lata para salir adelante.



Articulo Enviado por: arturo a las 2013-08-23 05:49:28



lunes, 10 de junio de 2013

Creo que se terminan cuatro estupendos meses de dimes y diretes en cuestiones del amor:

-Te quiero mucho
-Eres un sol
-Un sueño de mujer

-Te adoro
-No, yo te adoro más...

Esta etapa de infatuation dirián los que saben, termino de pronto, en algún absurdo momento que ni cuenta me di, solo se que supe que iba a pasar.

Ahora pasamos a la etapa dos de "construyamos una amistad fuerte, valiosa y para siempre"
Aha!
Sure my friend!
Con lo visceral que suelo ser! con lo impulsiva y con los ratos de encabronamiento que me gobiernan a veces!
Ahora resulta que lo dicho y que ambos (estoy segura sentíamos) no era amor? no puede ser amor para empezar! que chinga! si asi lo fuera.,

Pero que me perdone la vida, por que yo, ingenuamente ( a mis años!) pensé y creo que hasta sentí, que quizás, quizás en algún momento, era Amor!

Pues ya esta! ahora resulta que No! que él solo quiere para mi puuuras cosas buenas, empezando por apoyo ( a larga distancia claro esta!) amistad en su forma mas linda y transparente! y pues que siempre no, eso que "yo pude pensar" o pensé, pues ya no será verdad?

Con la pena!

Ahora mismo mis tripas y estómago me dicen que esas, señoras y señores son chingaderas! y que no se le puede estar hablando a una así, con las palabras tan bien dichas, tan bien puestas en su lugar, tan llenas de sentimiento, y  de amor! carajo!!

Para después de un par de días pensar diferente, pensar con miedo al futuro, miedo a la mujer que lo gobierna, y decir, pues no, siempre no! y ya no juego!!
(después de todo algún día menciono que -no juega con mujeres en mi estado- si, señoras, casada! ahh!
pues si por algo me duele esto!

Por estar en una relación por casi 7 años y no sentirme así como vil adolescente besada por primera vez! No, esto ya no se siente tan fácil de buenas a primeras,. no cuando se vive con un "adolescente" mentalmente hablando, y las diferencias entre el sujeto A y el sujeto B son gigantescas.

Por esta razón, yo necesito escribir esto, hablar de esto con mi parte que mantiene la cabeza fría y el corazón aparte, por que digo, si esto que sentí es amor pues que grave!
No por que esta mal enamorarse, si no por que las condiciones para que esto ocurriera eran imposibles por decir lo menos.

Ahora vuelvo a mis labores diarias, retomo la lectura, espero que las noches en vela imaginando gente tomada de la mano y mirándose a los ojos profundamente, se terminen, y que se ocupen con cosas mas banales como estar atenta a la pelea de gatos callejeros en mi balcón!.

Eso si que será mucho más divertido que lo que en meses pasados ocupo, mi mente, mis ideas, y si, (hablo con dolor y molestia) mi el corazón.

CHAU!

Juan Villoro / El silencio de Poseidón

7 junio 2013.- Cees Nooteboom viajó por primera vez al extranjero al estilo holandés: en bicicleta. Desde aquella incursión a Bélgica, el desplazamiento ha sido su taller. Cuando consiguió trabajo en un barco carguero, se enteró de la función que le corresponde a un artista en la tripulación: limpiar los baños. Para sobrellevarla, escribió crónicas de los sitios donde tocaba tierra. Así se transformó en un pasajero literario capaz de convertir las molestias y las peripecias del trayecto en estados del alma.


En el verano de 2013 Nooteboom cumplirá 80 años sin alterar sus hábitos de viajero frecuente. En los últimos cinco meses ha pasado 12 días en Ámsterdam. Mientras el correo se acumula en su casa, colecciona asombros en desiertos, mares y esquivas librerías. Si la perplejidad fuera un oficio, Nooteboom sería el mayor profesional del gremio.


Su libro más reciente, Cartas a Poseidón, reúne prosas breves en las que informa al dios griego del curioso estado del mundo. Como suele suceder con un destinatario místico, no hay misivas de respuesta.


En una de sus obras más sugerentes, Tumbas de poetas y pensadores, Nooteboom visita en compañía de su esposa, la fotógrafa Simone Sassen, las últimas moradas de quienes han dicho todo pero aún revelan algo desde el más allá: Cuando se trata de tumbas, todo es irracional. Llevamos flores a nadie, arrancamos los hierbajos para nadie y aquel por quien vamos no sabe que estamos allí. Sin embargo, lo hacemos. En algún rincón secreto de nuestro corazón albergamos la idea de que esa persona nos ve y se da cuenta de que seguimos pensando en ella. Pues eso es lo que queremos; queremos que los muertos reparen en nosotros, queremos que sepan que seguimos leyéndolos, porque ellos nos siguen hablando.


Dialogar con autores muertos fue un adiestramiento para escribirle a Poseidón. Nooteboom desempolvó su libro escolar de griego clásico, viajó por el Mediterráneo contemplando estatuas del dios y escogió muy bien lo que debía decirle. Los dioses son impacientes y conviene ahorrar palabras. Poseidón, el más temperamental de todos, nunca estará satisfecho. Su hermano Zeus lo superó en poderío y Atenea lo derrotó como deidad de Atenas. Irascible y lujurioso, Poseidón desató tempestades y convirtió la teodicea en un problema de alcoba. Si en sus novelas es expansivo, en estas cartas Nooteboom condensa al máximo lo que debe decirle al divino aguafiestas.


Poseidón creó el caballo con un golpe de tridente. Fue su mejor regalo para los hombres, a los que les convenía que se cruzara de brazos para que el mar estuviera tranquilo.


Aunque los romanos prolongaron su leyenda bajo el nombre de Neptuno, se habla poco de él. Sus estatuas siguen cautivando, quizá porque sostiene un objeto de diseño perfecto: el tridente. ¿Hay instrumento más decantado? Al tomar un tenedor, somos aprendices de Neptuno.


A Nooteboom le intriga el papel que Kafka asigna al dios de los mares. El autor de El proceso lo ve como un burócrata que lleva la contabilidad marina al fondo del océano. Para Kafka, ninguna tormenta supera en daños a los trámites de la inexpugnable burocracia. No es casual que adjudique a un dios vengativo la tarea de levantar inventario.


Nooteboom recorre los templos consagrados a Poseidón. Hace mucho que esas ruinas fueron abandonadas: son la prueba de tu impotencia, le dice al corresponsal que no contesta.


Una pregunta esencial se insinúa en el libro: ¿podemos vivir sin dioses? Poseidón no da señales de vida; es la deidad perfecta para alguien que carece de fe pero necesita dirigirse a un ser fuera del tiempo que le permita revisar la temporalidad humana: ¿Cuánto tiempo serías capaz de contemplar una piedra?, pregunta el autor.


Desde que Hesíodo desatendió sus ovejas para escribir la Teogonía, los dioses sirven para entender la peculiaridad del hombre. Nooteboom lee que en Francia un señor se casó con un sombrero. ¿A quién darle esta noticia sobrenatural? Incluso quien no profesa una religión requiere de pronto de un testigo trascendente.


El gran truco de Nooteboom consiste en dirigirse a nosotros a través de un dios. Filtrados por la mirada de Poseidón, los paisajes y los hechos cobran inusitada relevancia.


Sin contestar, el divino aguafiestas se hace presente. Poco a poco comprendemos la singular función que el autor le asigna en su correspondencia. El destinatario se transforma misteriosamente en el cartero: los mensajes que no responde regresan a nosotros.


El olvido es el hermano ausente de la memoria, escribe Nooteboom. Como el dios mudo, el hermano ausente es un testigo implícito.


El silencio de Poseidón permite que leamos como él debería hacerlo. Al suplantarlo se produce una estremecedora revelación. Un jardín, un burro, un cuadro o una frase de Hölderlin transmiten la sacralidad del mundo. Es el milagro literario de Cees Nooteboom.






Articulo Enviado por: arturo a las 2013-06-07 06:11:41

martes, 10 de julio de 2012



La niña más linda del mundo es mi hija! y ultimamente le ha dado por esto, comentar en video y dejar huella de lo talentosa que es, y tambien de que extraña a su abuelo Chendo., y de que si no fuera por ella, esta vida mia serías muyyyy aburrida!!

Por eso la amo! y es la luz de mi vida!!!
Anoche soñe contigo papá., y debo decir que mas que sentirme triste, desperte con una buena sensación, con tu recuerdo muy vivo., muy como tu eras., calladito, pensativo, suspirando largo despues de beber cafe,. opinando del convuslo tiempo que vivimos, de lo mal que esta la política y de como estan las cosas hoy en día.

Y de como nos poniamos de acuerdo para que Yolanda pase vacaciones de verano en el pueblo,. de como hace un año hablamos justo de eso, de que estuviera en casa contigo., y mira, lo que son las cosas no? eso no va a pasar nunca.

La vida y sus cosas., la muerte y las suyas tambien... cada una teniendo injerencia en mis planes.

Y yo, resignandome a tu ausencia, a que este año mamá cumple 10 años sin estar fisicamente en este mundo., a arreglarmelas sola como hace mucho tiempo., a esta independencia mia a fuerza de chingadazos que la vida me ha dado... a eso, a estar sin ustedes y a extrañarlos mucho, mucho!

Tanto que cada mañana despierto y caigo en cuenta de que mi mamá ya no esta, y ahora tampoco tú, Chendo, tampoco tu... y ni hablar hay que levantarse y seguir.

miércoles, 2 de mayo de 2012

Continuidad., Jaime Torres Bodet


No has muerto. Has vuelto a mi. Lo que en la tierra
—donde una parte de tu ser reposa —
sepultaron los hombres, no te encierra
porque yo soy tu verdadera fosa. Dentro de esta inquietud del alma ansiosa
que me diste al nacer, sigues en guerra
contra la insaciedad que nos acosa
y que, desde la cuna, nos destierra. Vives en lo que pienso, en lo que digo,
y con vida tan honda que no hay centro,
hora y lugar en que no estes conmigo pues te clavo la muerte tan adentro
del corazon filial con que te abrigo
que, mientras mas me busco, mas te encuentro.

II
Me toco... y eres tu. Palpo en mi frente
la forma de tu craneo. Y, en mi boca,
es tu palabra aun la que consiente
y es tu voz, en mi voz, la que te invoca. Me toco... y eres tu, tu quien me toca.
Es tu memoria en mi la que te siente:
ella quien, con lagrimas, te evoca
tu la que sobrevive yo, el ausente. Me toco... y eres tu. Es tu esqueleto
que yergue todavia el tiempo vano
de una presencia que parece mia. Y nada queda en mi sino el secreto
de este inmovil crepusculo inhumano
que al par augura y desintegra el dia.

III
Todo, asi, te prolonga y te senala
el pensamiento, el llanto, la delicia
y hasta esa mano fiel con que resbala,
ingravida, sin dedos, tu caricia. Oculta en mi dolor eres un ala
que para un cielo postumo se inicia
norte de estrella, aspiracion de escala
y tribunal supremo que me enjuicia. Como lo eliges, quiero lo que ordenas
actos, silencios, sitios y personas.
Tu voluntad escoge entre mis penas. Y, sin leyes, sin frases, sin cadenas,
Eres tu quien, si caigo, me perdonas,
Si me traiciono tu quien te condenas... Y quien, si te olvido, me abandonas.

IV
Aunque si nada en mi interior te altera,
todo, fuera de mi te transfigura
y, en ese tiempo que a ninguno espera,
vas mas de prisa que mi desventura. Del arbol que cubrio tu sepultura
quisiera ser raiz, para que fuera
abrazandote a cada primavera
con una vuelta mas, lenta y segura. Pero en la soledad que nos circunda
ella te enlaza, te defiende, te ama,
mientras que yo tan solo te recuerdo. Y al comparar su terquedad fecunda
con la impaciencia en que mi amor te llama,
siento por primera vez que te pierdo.

V
Porque no es la muerte orilla clara,
margen visible de invisible rio
lo que en estos momentos nos separa
es otro litoral, aun mas sombrio. Litoral de vida. Tierra avara
en cuyo negro polvo, avido y frio,
del naufragio que en ti me desampara
inutilmente busco un resto mio. Es tu presencia en mi la que me impide
recurperar la realidad que tuve
solo en tu corazon, cuando latia. Por eso la existencia nos divide
tanto mas cuanto mas tiempo en mi alma sube
la vida en que tu muerte se confia.

VI
Si, cuanto mas te imito, mas advierto
que soy la tenue sombra proyectada
por un cuerpo en que esta mi ser mas muerto
que el tuyo en la ficcion que lo anonada. Sombra de tu cadaver inexperto,
Sombra de tu alma aun poco habituada
A esa luz ulterior a la que he abierto
Otra ventana en mi, sobre otra nada... Con gestos, con palabras, con acciones,
creia perpetuarte y lo que hago
es lentamente, en todo, deshacerte. Pues para la verdad que me propones
el unico lenguaje sin estrago
es el silencio intacto de la muerte.

VII
Y sin embargo, entre la noche inmensa
con que me sine el luto en que te imploro,
aflora ya una luz en cuyo azoro
una ilusion de aurora se condensa. No es el olvido. Es una paz mas tensa,
una fe de acertar en lo que ignoro
algo —tal vez — como una voz que piensa
y que se aisla en la unidad de un coro. Y esa voz es mi voz. No la que oiste,
viva, cuando te hable, ni la que al fino
metal del eco ajustara en su engaste, sino la voz de un ser que aun no existe
y al que habre de llegar por el camino
que con morir tan solo me ensenanste.

VIII
Voz interior, palabra presentida
que, con promesas tacticas, resume
—como en la gota ultima, el perfume —
en su paciente formacion, la vida. Voz en ajenos labios no aprendida
— ¡ni siquiera en los tuyos! — voz que asume
la realidad del alba estremecida
que alcanzare cuando de ti me exhume. Voz de perdon, en la que al fin despunta
esa bondad que me entregaste entera
y que yo, a trechos, voy reconquistando voz que afirma tan bien lo que pregunta
y que sera la mia verdadera
aunque no se decir como ni cuando...

IX
¿Ni cuando?... Si, lo se. Cuando recoja
de la ceniza que en tu hogar remuevo
esa indulgencia inmune a la congoja
que, al fuego del dolor, pongo y atrevo. Cuando, de la materia que me aloja
y cuyo fardo en las tinieblas llevo,
como del fruto que la edad despoja,
anuncie la semilla el fruto nuevo
cuando de ver y de sentir cansado
vuelva hacia mi los ojos y el sentido
y en mi me encuentre gracias a tu ausencia, entonces nacere de tu pasado
y, por segunda vez, te habre debido
—en una muerte pura — la existencia.

Mayo 2, 2012

Ya ha pasado poco mas de un mes, desde que Chendo falleció, y yo apenas me puedo dar el tiempo para escribir sobre ello., aún con el dolor en el alma, y el enorme vacio, de él, de su persona, sus palabras... apenas estoy tratando de vivir con su ausencia., pensando en que las cosas nunca más serán como antes, y que nada será igual... que retomar las cosas, la rutina y la vida, no es tan sencillo, como dejarse llevar, por que siempre (en mi cas ) y estoy segura que en el del Rolis, al final del dia pensamos en ello, en él, y en la vida sin ambos., papá y mamá...

En la falta que nos hacen, a mi y a todos... en su ausencia fisica y en saber que desde algun sitio estan con nosotros., más vale, por que ya es demasiada la gente que hemos perdido, ya han sido muchos los funerales en mi vida., así es que quiero pensar-creer que el día que a mi me toque, encontrare una casa llena de mi familia,. empezando por mamá, que hace 10 largos años nos dejo., ella primero, le siguieron mi abuela, mi abuelo., Angeles mi querida prima, los tios Arturo, Jesús, y el nonato que perdi a los 2 meses de embarazo.

Asi es que es mucha la gente que se nos adelanto... mucho el dolor que queda, mucha la tristeza y nostalgia por ellos., mucho el tiempo que aún falta por vivir,. mucho el camino pendiente por recorrer., muchas las ganas de continuar a pesar de que ellos ya no estan...y muchas las ganas de vivir, por mi, y por mi hija...